| 30 Marzo 2010
Es un conflicto que viene de lejos, de repente ha salido a la superficie. DE lo que se trata es de competencia entre la Junta Central Electoral y el sistema de partidos en la República Dominicana.
Como debe recordarse, esa lucha le ha permitido, unas veces a la Junta Central Electoral, a la oligarquía, y a la sociedad civil, imponer Presidentes de la República, senadores, diputados y hasta síndicos, y otras veces, los partidos han hecho lo mismo, imponiéndolo al país a sus favoritos como candidatos a puestos electivos.
El conflicto propiamente dicho, surge como consecuencia de que áreas que son de la exclusiva competencia de la Junta Central Electoral, tradicionalmente han querido ser ocupadas por los partidos políticos.
Las competencias exclusivas solamente pueden ser dadas por la constitución, las leyes y las resoluciones.
Para que una demarcación pueda funcionar y ser efectiva, todos sus órganos, todas sus instituciones, tienen que funcionar justa y equilibradamente.De lo contrario, en nuestro Pals nunca se podrá vivir en democracia.
La esperanza se hace presente con el empantalonamiento de la Cámara Contenciosa de la Junta Central Electoral, que ha decidido por primera vez en muchos años, cumplir con lo que manda la Ley que rige.
La Cámara Contenciosa le ha dado al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios. Ni más ni menos.
Yo creo que, en el fondo, todos estamos asombrados.
La JCE, porque recibe el respaldo de la población y de los partidos políticos porque saben que sus recursos no van a caer en el vacío. El asombro pues, se convierte en alegría colectiva.
Quienes, con seguridad, son los que, desde todas las banderas, colores, acostumbrados a ganar con razón o sin ella, han sido perjudicados con los veredictos de la Cámara Contenciosa de la JCE.
La nación dominicana, si en definitiva, aspira a vivir en democracia y a degustar de sus beneficios, está en la obligación de hacer los aportes y sacrificios necesarios.
Es difícil, pero no imposible.







En Neiba estamos acostumbrados a que los Gobiernos no nos hagan nada. Promesas dicen, promesas repiten y siempre pasa el tiempo sin que casi el cien por ciento de todo lo prometido se cumpla. Esto hace que las condiciones de vida se hagan cada vez más precarias porque no tenemos casi estructuras: nos faltan canales de riego; tampoco tenemos el agua suficiente, tanto potable como para riego; y si tenemos las bombas de irrigación, entonces nos falta la energía eléctrica, vivimos en constantes apagones.










