| 01 Marzo 2010
Por aquellos días ocurrió un gran terremoto en una isla del mar caribe, afectando a una ciudad llamada Puerto Príncipe, la cual quedó en estado casi irreconocible, desfigurada no sólo en su estructura física sino también disminuida en su proceso de construcción colectiva de la esperanza, que es una de las peores formas de empobrecimiento de los pueblos.
Ahora, después de doscientos años de castigos, olvidos memorables y condenas por el error de amar la libertad, nuevamente Haití cubre las principales páginas de los diarios de esta pequeña aldea global.
En estas circunstancias, los potentados del mundo se volcaron en ofrendas hacia el pueblo haitiano, y Jesús observaba aquel episodio de solidaridad junto a sus discípulos y discípulas.







Saben a quién me refiero. Es un joven hiperactivo, de esos que llamamos ¨volaos¨¨,. No puede estar quieto. Le hablas y está como en las nubes, pero pensando veinte mil cosas que hacer, muchas veces a favor de la comunidad. Así es. No obstante las veintiséis maracas que dice tener colgadas del calendario, pero parece que es cierto, véanle la carita maliciosamente expuesta con ese que se yo de inocencia. Pero tiene una amplia experiencia luchando con grupos por el bienestar colectivo. Algo bueno que es menester reconocerle es que nunca ha dejado de prepararse, de irse superando sin importar limitaciones.
Hace casi dos años, 










