| 17 Febrero 2010
Los dominicanos, a seso de muchos y no de poco, nos hemos caracterizamos por la alta capacidad para crear leyes, ordenes, decretos, código y quien sabe cuantas cosas mas, para luego hacer caso omiso a estos. La creación de normas para no cumplirlas, es ya un fenómeno social rutinario, anómalo y patológico en nuestra sociedad.
¿Cuál será el costo exacto en términos económicos que tendrá este cambio de nombre de Secretaría, por esto de Ministerio? ¿Funcionará mejor el país con estos cambios? Esta permuta no representa más que un gasto, fruto una de idea angelical y trasnochada que por además poética y que la misma solo habita en regiones mentales enajenadas sustraídas de toda realidad. Estas acciones jamás podrán ser catalogadas como una inversión en aras de iniciar un proceso de desarrollo, sino todo lo contrario, ya que nuestros males no son cuestiones de forma, sino de contenido.



















