| 23 Marzo 2009
Los Neiberos tenemos la obligación de hacer una reflexión y evaluación profunda de los actos de nuestro diario vivir.
Llegar al punto de apedrear reiteradamente a un miembro de la sociedad eclesiástica, de faltar al respeto a los conciudadanos y de tratar de burlar a las instituciones civiles y militares de nuestra tierra, sobrepasa los límites de la sensatez y el buen juicio.
Es imposible que una sociedad como la nuestra carezca de los controles necesarios para combatir la delincuencia, la venta y uso de sustancias ilegales o narcóticas y que la promiscuidad en relaciones tradicionales y no tradicionales, sea exhibida como el mejor de los galardones; y mucho menos que un pueblo se pueda desarrollar sobre esta base.
Es tiempo de reflexionar, de hacer un llamado a los principios con los cuales fuimos forjados y a las enseñanzas que nos brindaron nuestros ancestros.
Es hora de hacer una parada y realizar un verdadero cambio, en virtud de que los caminos recorridos en los últimos tiempos, solo nos han marcado como un pueblo corrupto y carente de principios cristianos, cuando siempre sobresalimos por nuestra intelectualidad y buenos principios.
Debemos mantenernos firmes como sociedad para que la paz y la tranquilidad de que siempre gozábamos, permanezca firme e indeteniblemente en nuestro terruño, por que somos más los Neiberos que transitamos por las sendas de los buenos actos y buenas costumbres.


















